Limpieza de accesorios flamencos: mantones, flores y más

Moda flamenca Micaela Villa

El traje de flamenca suele ocupar todo el protagonismo a la hora de acudir a una feria o romería. Sin embargo, este vestuario quedaría un tanto incompleto si no le incorporamos una serie de accesorios flamencos que nos ayudarán a conseguir un mayor estilo. Nos referimos sobre todo a complementos como los mantones, flores, zapatos, pendientes o bolsos y como combinarlos. De la misma manera que contribuyen a realzar este traje, también precisan de un cuidado especial, tanto de limpieza como de conservación. Se utilizan en épocas del año concretas y posiblemente pasen varios meses desde la última vez que los hemos usado.

Merece la pena dedicarle una cierta atención a los mantoncillos, que son unos de los complementos flamencos más destacados. Se presentan con unos diseños y colores muy llamativos, que incluso en ocasiones pueden despertar un mayor interés que el propio traje. Con el uso, lo normal es que se vaya desgastando y que incluso se vea afectado por las manchas. De ahí que para mantener el brillo y alargar su vida útil fuera conveniente darle unos cuidados adecuados.

Al igual que ocurre con cualquier otra prenda, es preciso que se sigan las instrucciones del fabricante. En el caso de los mantones, lo aconsejable es lavarlos a mano, tratando de que los flecos no se mojen y a la hora de ponerlos a secar tendiéndolos bien extendidos. Es preferible utilizar agua fría y detergente suave, procurando no frotar ni retorcerlo.

En la medida de lo posible hay que procurar que esta tela no permanezca en remojo demasiado tiempo, ya que el agua sin movimiento puede provocar que los colores se diluyan. En lo que se refiere al secado debe evitarse en todo momento la secadora o ponerlos al sol. Tampoco admite el planchado, ya que el calor puede dañarlo.

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La manera de guardar el mantoncillo de flamenca

Tan importante como el lavado es el almacenamiento de este accesorio flamenco. Lo adecuado es envolverlo alrededor de su propio cuerpo, tratando de que no quede ajustado. A continuación habría que usar papel de seda, cubrirlo con cuidado, y así conseguiremos que no coja humedad.

Debe guardarse en un lugar fresco y seco, que permanezca protegido y no contacte con otras prendas.

El cuidado de las flores

No hace falta hacerse con nuevos accesorios flamencos cada que quieras tomar parte en un evento o feria. Bastará con darles un uso correcto a estos elementos, así como un cuidado para que se mantengan en buen estado.

Tampoco pueden faltar las flores dentro del vestuario de una flamenca. Después de utilizarlas le quitaremos el polvo acumulado con la ayuda de un cepillo suave, para a continuación pasarles un paño con cuidado. Guardaremos las flores en cajas con tapa dura para que no se aplasten, y si es posible trataremos de que sean transparentes para que nos resulte más sencillo localizarlas cuando vayamos a necesitarlas.

Estos recipientes deben contar con las medidas adecuadas, tanto de ancho como de alto, para que no sufran ningún tipo de desperfecto las flores. Otra opción pasa por fijarlas en un panel o en un vestidor con un alfiler para así tenerlas más a mano. Sin embargo, no resulta lo más conveniente si vamos a hacer uso de ellas muy de vez en cuando, ya que hay riesgo de que cojan polvo o se deterioren.

Los zapatos, unos complementos básicos en cualquier flamenca

En cualquier feria hay que cuidar hasta el más mínimo detalle para conseguir una cierta elegancia. En este sentido, merece la pena dedicarle una cierta atención a los zapatos. Desde hace tiempo se viene imponiendo entre las flamencas un tipo de calzado capaz de aportar comodidad sin perder en ningún momento el estilo y la distinción. Nos referimos a los zapatos de cuña de esparto, que destacan por su versatilidad y buen rendimiento.

El esparto es un material especialmente sensible, por lo que tenemos totalmente prohibida el agua. En caso de mojarse, se pudriría y se despegaría del armazón. La parte de la lona la limpiaremos con un cepillo para retirar el polvo que se pueda acumular, y para acabar con las manchas recurriremos a una solución de agua y jabón neutro, que aplicaremos con la ayuda de un cepillo suave. Para asegurarnos de que el agua no llegue al esparto, en la parte interna de la puntera pondremos un trapo de microfibra, que se ocupará de absorber el líquido que pueda haber en la lona.

Para el esparto utilizaremos un cepillo de uñas en seco, aunque para conseguir unos resultados más espectaculares puede emplearse un poco de alcohol. Las rozaduras que se suelen producir en esta parte se pueden quitar con la ayuda de una goma de borrar. A la hora de secarlas es preferible que no las pongas al sol de manera directa.

Pero también pueden utilizarse otros calzados que exigirán unos procedimientos de limpieza distintos en función del material del que se compongan. Los zapatos de piel tendrán que limpiarse con una esponja y una crema específica para ese tipo de calzado; los de charol con un paño humedecido en agua y jabón neutro, pasándolos con suavidad y secándolos con un paño seco; los de nobuk, con un cepillo de cerdas suaves en seco; y los zapatos de tela o materiales sintéticos, con toallitas húmedas de los supermercados. De la misma manera, también hay que prestar la atención a la suela. Una vez que estén listos, los conservaremos en una bolsa de tela, con una bola de papel en su interior para que no se produzcan deformidades y se mantenga la forma del pie.

Guardar los accesorios organizados en cajas

El resto de accesorios flamencos, como pueden ser pendientes, collares, broches o peinecillos, los guardaremos en bolsas o cajitas independientes, para que estén listos la próxima vez que vayamos a utilizarlos. Así evitaremos que puedan liarse entre ellos y sufrir algún tipo de desperfecto. Es lo que ocurre, por ejemplo, con los collares de bolitas, que son muy fáciles de que se enreden con otros complementos.

Para facilitar la tarea de búsqueda cuando vayan a usarse de nuevo, lo aconsejable sería organizarlos por colores. Eso sí, antes de guardar cualquier accesorio lo limpiaremos correctamente con el material adecuado que no lo dañe. Aunque parezca mentira, en cualquier feria o romería estos complementos pueden llenarse de polvo o arena. Por lo tanto, habría que pasarles una toallita húmeda o un papel suave para retirar esos posibles restos. Eso sí, trataremos de que queden completamente secos una vez que los limpiemos.

En el caso de los pendientes, lo sumergiremos en agua destilada de farmacia o un poco de bicarbonato y dejaremos que actúe durante diez minutos. A continuación se pondrán sobre papel absorbente y con un bastoncillo los iremos limpiando con paciencia. Para las impurezas más adheridas recurriremos al hilo dental, capaz de llegar a cualquier rincón.

Con todos estos consejos conseguirás que tus accesorios flamencos permanezcan como el primer día, y cuando vayas a hacer uso de ellos se encuentren en perfecto estado. Es importante que ese proceso de limpieza se realice al término de la feria y no lo dejes para más adelante. Así resultará más fácil eliminar la suciedad o manchas que pueda haber.

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