En todo espectáculo flamenco hay una serie de instrumentos musicales que no pueden faltar, entre los que se encuentra el cajón flamenco. Aunque parezca mentira, no cuenta con tanto arraigo histórico como pudiera tener el traje o el mantón de Manila. No hace falta, además, remontarse mucho en el tiempo para descubrir su origen.
A simple vista para muchos puede ser un instrumento asociado a Andalucía y a la fiesta desde sus inicios. Pero en realidad no es así. El cajón flamenco surge en América Latina. Hasta Perú lo llevaron los esclavos africanos que viajaban con los colonizadores españoles. En esos comienzos no era un instrumento musical al uso, sino que los esclavos acompañaban sus canciones con golpes rítmicos que efectuaban sobre las cajas de mercancías que llevaban en los barcos.
Entre sus temas se podía escuchar música de denuncia, lo que invitó a la Iglesia Católica a tratar de reprimirla al considerarla de pagana. Pero no consiguió su objetivo, ya que esos cajones lo podían reemplazar en cualquier instante, por mucho que los confiscaran o los quemaran.
Para localizar el verdadero origen del cajón hay que desplazarse en concreto hasta el sur de Lima, en la zona de Chincha, donde todavía es posible encontrar una extensa población de origen africana. A comienzos del siglo XVII la Iglesia Católica prohibió a los esclavos el empleo de tambores al considerarlos de paganos y de esta forma evitaban que pudieran comunicarse a distancia. Entre las instituciones de la época existía la creencia de que este instrumento servía para trasladar algún tipo de mensaje y de alguna forma podría poner en riesgo a la Corona.
Era también la solución que encontraron para que no tocaran el panalivio, un tipo de canción negra que transmitía en forma de lamentos las condiciones de esclavitud a las que se veían sometidos. Aquello hizo que todos los tambores que tenían fueran quemados, dando paso como elemento de sustitución al cajón a partir de 1850. Cualquier solución para producir sonido era buena, ya fueran las cajitas de limosnas, las mesas o las cucharas de madera. Todas estas alternativas servían de acompañamiento a sus canciones.
Según recogen varios medios, antes del cajón recurrieron a envases de madera que se usaban para la recogida de fruta, pero también del tamborete, que fue una pieza de madera sobre cuatro soportes.
Hasta 1950, el cajón fue construido de distintas maneras y tamaños, pero el compositor Abelardo Vázquez fijó unas medidas estándar. La cajonera contemporánea María del Carmen Dongo señaló que la fórmula concreta que utilizaba era de 45 céntimos de alto, por 35 de base y 20 de ancho.

Así llegó el cajón flamenco a España
El encargado de traer el cajón flamenco a España fue Paco de Lucía. A él se le atribuye el mérito de que este instrumento haya desembarcado en nuestro país hasta el punto de convertirse en un imprescindible en cualquier velada de flamenco.
El artista lo descubrió una actuación en la Embajada española de Lima en 1977. Antes de que arrancase su actuación, fue el turno de la cantante peruana Chabuca Granda, que salió al escenario acompañada por un músico afroamericano. Lo más llamativo de todo era el cajón que tocaba y que dejó prendado al andaluz.
De hecho, Paco de Lucía volvió a nuestro país con varios cajones peruanos. Pudo comprobar como el sonido que desprendía este instrumento era capaz de encajar con todos los palos flamencos. Con los años, los compositores e intérpretes de flamenco lo fueron incorporando a sus espectáculos hasta convertirlo en una pieza imprescindible. El primer tema interpretado con el cajón fue ‘Solo quiero caminar’, y a partir de ahí desbancaría a los bongos y tumbadoras en las actuaciones de este estilo.
El músico español no solo era un virtuoso de la guitarra, sus inquietudes y su mente abierta también le permitieron apostar por el cajón e incluirlo en el flamenco. Desde el primer instante que escuchó el sonido que desprendía se dio cuenta del enorme potencial que tenía y de todo lo que iba aportarle a esta variedad musical. Se adaptaba sin problemas con el ritmo y tono flamenco, dotando de más intensidad al sonido monotonal del zapateo y proporcionando a la percusión una mayor consistencia respecto a las palmas. Por lo tanto, se presentaba como el acompañamiento perfecto para la música y el baile.
La evolución del cajón flamenco
El cajón flamenco ha ido evolucionando con el tiempo. La primera variación se realizó con un claro objetivo práctico. En sus inicios adquiría una forma horizontal, con el artista tocándolo sentado en una silla, para más adelante acabar con un aspecto vertical sobre el que se sentaba el percusionista.
También se fueron sumando otras novedades para sacarle un mayor rendimiento al instrumento. Con el ánimo de conseguir una mayor riqueza de sonidos se le fueron añadiendo cuerdas y se modificó la tapa. Hoy en día ya es posible encontrarse cajones en formato digital, que consiguen recrear unos sonidos muy similares a los del cajón de toda la vida, aunque su tamaño es mucho menor.
Con cierta lógica, los peruanos reclaman la denominación del instrumento. Pero desde su llegada a nuestro país ha sufrido una importante evolución. Es probable que esas variaciones introducidas no sean tan apreciables en su diseño o estética, pero sí en cuanto a la fabricación. Entre otras cosas se le han ido incorporando cuerdas en el interior que consiguen aportar un peculiar sonido arenoso o la forma de anclar la tapa delantera. Estas modificaciones son suficientes para que el cajón pase a llevar el apellido de flamenco.
Todo lo que debes saber del cajón flamenco
Ahora que ya conocemos el origen e historia del cajón flamenco, llega la hora de conocer más detalles de este instrumento. Se trata de un cubo de madera sobre el que sienta el músico y con el que consigue crear una serie de ritmos por medio de la percusión.
Se compone de seis caras, de las cuales cinco están construidas en madera. Por lo general eran de caoba, cedro o mohena. La única que se diferencia del resto suele ser de contrachapado, y es sobre la que toca el artista. Las versiones más actualizadas vienen con tres tornillos que permiten cambiar el tono.
Hay que diferenciar básicamente dos partes. Por un lado se encuentra la tapa o parte delantera, que es sobre la que golpea el músico; y la trasera, que presenta un agujero con la misión de incrementar la resonancia. El grosor de la madera del cajón ronda entre los 9 y 15 milímetros.
Los motivos por los que el cajón resulta perfecto en el flamenco
Paco de Lucía entendía que era el instrumento perfecto, capaz de encajar con la percusión del flamenco. Encontraba en él, además, un sonido agudo muy parecido al del tacón del bailaor y el grave que realizaba el artista con la planta durante el zapateado. Se salía de lo común, siendo también un elemento muy sencillo de transportar ante su escaso tamaño.
La primera vez que lo utilizó fue en el teatro del parque de atracciones de la Casa de Campo de Madrid. Aquello consiguió que el cajón adquiera una importancia vital en el mundo del flamenco.





Micaela Villa